Así lo vivimos: Ólafur Arnalds en el Auditorio Blackberry

El pasado 23 de enero, el Auditorio Blackberry acogió la primera visita a la CDMX del músico y productor islandés Ólafur Arnalds, quien se encuentra promocionando su cuarto material...

El pasado 23 de enero, el Auditorio Blackberry acogió la primera visita a la CDMX del músico y productor islandés Ólafur Arnalds, quien se encuentra promocionando su cuarto material en solitario titulado ‘re:member’ lanzado en agosto del año pasado.

En realidad, el anuncio de su primera visita a México cayó de sorpresa, pues Arnalds, pese a ir en un plan ascendente en su carrera, colgando los carteles de sold out en sus presentaciones alrededor del mundo, no ha tenido la misma repercusión en nuestro país que otros actos de su natal Islandia como Sigur Rós u Of Monsters and Men… mucho menos se podría comparar con esa “vaca sagrada” que es Björk.

Finalmente, el esperado día llegó, y la primer duda en resolver fue si el poder de convocatoria del pianista islandés justificaba su llegada tan “pronta” a tierras mexicanas. Y ésta fue disipada de inmediato, al ver que la fila de gente esperando a ingresar al venue daba dos vueltas alrededor del mismo. Aunado a esto, aún se alcanzaba a ver a varios asistentes comprando entradas para el concierto.

Y, aunque los organizadores prometieron la presencia de Ólafur Arnalds sobre el escenario a las 20:30 hrs., ésta no se dio sino hasta pasadas las 21:00 hrs., lapso en el que uno pudo darse cuenta de que el Auditorio Blackberry había sido “acondicionado” de un modo que, más bien, daba la impresión de alojar un festival escolar. Y es comprensible, pues el lugar no está hecho para un evento de esta índole, sobre todo cuando la sección de pista siempre se ha dejado al descubierto para albergar los shows de actos tan disímbolos como Jungle, Beach House y Primus, o hasta agrupaciones de K Pop.

Volviendo al tema central, por fin apareció Ólafur Arnalds, quien fue recibido de una manera calurosa (si bien, no eufórica) por los asistentes. No obstante, la emoción de verlo en persona era palpable…. ¿Y cómo no estarlo? Si ante nuestros ojos teníamos a uno de los músicos más emocionantes de esta década (aunque su álbum debut fue lanzado hace casi 12 años), quien, junto con otros bastiones del sello Erased Tapes Records, como su “cómplice”, el alemán Nils Frahm, y Rival Consoles (quienes ya visitaron la CDMX en 2012 y 2015, respectivamente), han dado una nueva dimensión a la música culta (o como se le llama comúnmente, “música clásica”), pero sin caer en el cliché de otras propuestas vacuas que sólo buscaron hacerla “easy listening” convirtiéndola en “música de elevadores”, sino que mantienen el nivel de sofisticación y elegancia propias de la música clásica, adaptándolos a los territorios sonoros del nuevo milenio. Esto, sin olvidar la vibra única que suelen tener los actos provenientes de la fría Islandia.

Así pues, el recital dio inicio con “Arbakkinn”, el primer episodio sonoro de la serie ‘Island Songs’ (2016), y la audiencia se mostró respetuosa, dedicándose a contemplar la ejecución de Arnalds, quien dio paso a su magnífico cuarteto de cuerdas que lo acompaña durante sus presentaciones en vivo.

Llegó el momento de “Only The Winds”, y fue ahí cuando quedo claro por qué presenciar la primera vez de Ólafur Arnalds en nuestro país era “obligatorio”. Tanto la prensa de su natal Islandia como la internacional coinciden en que el músico se encuentra en el pináculo creativo –y quizás masivo- de su carrera. Y esto quedó manifestado al sonar las primeras notas de “re:member”, tema que da nombre al más reciente álbum y al tour actual del islandés, el cual fue el primer highlight de la noche, ya que la incorporación de la batería terminó por darle ese aire épico que desembocó en una fuerte ovación al finalizar la interpretación.

En general, el virtuoso multi instrumentalista se notaba animado y, fiel al carisma que le distingue, no dejó de interactuar con los presentes, al grado de hacerlos partícipes en un ejercicio vocal en el que todos debían entonar la nota E (Mi) al unísono, y con éste, crear un landscape sonoro que sirviera de fondo para “Brot”. Incluso, se dio tiempo para bromear y comentar acerca de su estancia en el país, alegando que había comido 17 tacos (menos mal que estos no repercutieron en su flora intestinal como supuestamente le ocurrió a Noel Gallagher).

Uno de los principales alicientes para presenciar el show de Ólafur Arnalds es ver el funcionamiento del sistema Stratus, el cual fue creado por el propio músico para los shows en vivo, y cuya labor consiste en enviar las señales emitidas por un piano de cola Yamaha, que a su vez son traducidas en notas MIDI, las cuales ingresan a un algoritmo de patrones aleatorios que, finalmente, se reproducen en dos pianos acústicos. Lo que da la impresión de que suenen hasta tres pianos a la vez durante una canción.

Sin embargo, en este aspecto, la experiencia no fue del todo satisfactoria, debido a que, en primer lugar, uno de los dos pianos laterales no funcionó durante el recital (hecho que retrasó el ingreso del público a la sala y, por ende, el inicio del concierto). En segundo lugar, la audiencia no tenía un panorama idóneo –quizás por la ubicación del escenario y los músicos- para ver justamente al otro piano adyacente en acción a través de las señales enviadas por Arnalds. Incluso, algunos de los asistentes se mostraron confundidos al darse cuenta de que nadie más tocaba el piano, y aun así se escuchaban salir notas emitidas por el mismo en algunas canciones.

Quizás el momento donde mejor se pudo apreciar el funcionamiento del sistema Stratus fue durante la interpretación de “Nyepi”, otro de los puntos altos de la noche que sirvió para que Ólafur ocupara el único piano acústico que funcionaba, y así dar paso a “Doria”, otro extracto de ‘Island Songs’. Para el encore, Arnalds dedicó «Lag Fyrir Ömmu» a su abuela quien, según comentó, lo indujo a la música clásica, haciendo del silencio un elemento vital en dicho tema.

Con todo esto, la primera visita de Ólafur Arnalds a México fue más que afortunada. Es cierto, apenas es el primer mes de 2019, pero bien podríamos asegurar que éste es, sin duda, uno de los recitales del año. Sin exagerar, éste es uno de esos eventos que, apelando a esa frase cliché, “debes ver antes de morir”.

No Comment

Leave a Reply

Disco de la semana

¿No lo viste?